La neumonía le fue fatal. Recogí piadosamente sus últimas palabras que despojadas de la incoherencia de la fiebre fueron estas:
- Nunca tuve una fe definida; un ideal preciso y poderoso. Ni la esperanza de algo irrealizable, ni la ilusión de un imposible conturbaron nunca mi espíritu. No luché por una idea grande, no me propuse realizar ninguna obra extraordinaria. Mi timidez, los prejuicios y las costumbres detuvieron mis actos y hasta mis pensamientos. No hice más que vivir, ir pasando mis días, ir satisfaciendo mis necesidades inmediatas, como las vacas que rumian en medio de los campos. Tuve ilusiones, ideales, amores, ensueños, pero todo reducido, pequeño, miserable. Yo soy el carnero tipo del rebaño. Soy el promedio humano.Y con toda su amargura, se hundió en el misterio de la nada, una tarde de invierno. Deseo, para su felicidad de ultratumba, que no tenga un alma inmortal.
Raúl Scalabrini Ortiz (La Manga – El diario de Nicolás Bródel)
Epílogo del compilador
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